A la obesidad se le llama la "epidemia no infecciosa del siglo XXI".

Actualmente en España se dispone de datos epidemiológicos sobre la prevalencia de la obesidad a través de diferentes estudios realizados en las Comunidades Autónomas (CCAA) del País Vasco, Madrid, Valencia y Cataluña. Entre los resultados obtenidos destacan los siguientes: la prevalencia de la obesidad (IMC > 30) es del 13,4%, siendo en varones del 11,5% y del 15,2% en mujeres. Las comunidades autónomas que mas obesos mórbidos tienen son Canarias, Extremadura, Andalucia y Murcia.

El sobrepeso afecta al 19,3% de la población, y se distribuye en un 23,3% en varones y en un 15,3% en mujeres. El 41,9% de la población mantiene un peso normal. La prevalencia de la obesidad aumenta progresivamente con la edad. A menor nivel socioeconómico y cultural, la prevalencia de la obesidad es superior. Esta prevalencia es mayor en las pequeñas poblaciones y en el entorno rural que en las grandes ciudades. España tiene un índice de obesidad inferior a países como los EE.UU., Alemania, Polonia o Hungría, pero superior al de Australia, los Países Bajos, Suecia, Francia y Bélgica

En Cirugía de la Obesidad S.L: disponemos de la última tecnología en quirófano de cirugía bariátrica, instrumental y aparataje adecuado a las necesidades de este tipo de pacientes. Los miembros de la Clínica son: 3 Cirujanos laparoscópicos, 2 Anestesistas, 1 Endoscopista, 1 Endocrinólogo, 1 Cirujano plástico, 1 Psicólogo clínico, 1 ATS-Instrumentista y 1 Auxiliar Clínica.

Todo paciente, obeso, con un IMC superior a 30, que mantiene la obesidad al menos 5 años y que ha seguido programas dietéticos de adelgazamiento supervisados por un especialista en nutrición, sin resultados satisfactorios, es tributario de las distintas técnicas que podemos emplear para solucionar su problema.


COMIDA: EL COMBUSTIBLE DE LOS SERES VIVOS


El cuerpo humano es una máquina biológica compuesta por billones de pequeñas maquinas llamadas células.

Esta máquina necesita constantemente energía que se proporciona desde el exterior, pero como no podemos aportarla constantemente, comemos de sobra para obtener energía suficiente hasta la siguiente comida. Aunque no comamos el organismo sigue trabajando y consumiendo esa energía.

El organismo está dotado para guardar toda esa energía de la comida sobrante en forma de grasa. Es la manera de asegurar las reservas necesarias, lo que ocurre es que en ocasiones las reservas llegan a ser tan grandes como el propio cuerpo o incluso más.

Tras una comida compuesta de hidratos de carbono, proteínas y grasas, el sistema digestivo prepara y oxida los alimentos para que sean utilizables por las células.

El consumir más energía o menos va a depender de la actividad física y del metabolismo basal, que es la energía mínima necesaria para el correcto funcionamiento del cuerpo humano, resultado de la suma de todas las actividades metabólicas de todas las células de nuestro organismo.

Factores que disminuyen el metabolismo basal (MB):

-        Edad superior a los 20 años y en progresión

-        La mujer tiene entre un 5 y un 7% menos de MB que el hombre

-        Temperatura ambiente alta, verano

-        Hipotiroidismo

Factores que aumentan el metabolismo basal:

-        Ser varón, un 5-7% mas

-        Temperaturas bajas, invierno

-        A mayor altura sobre el nivel del mar mayor MB

-        En la adolescencia

-        El hipertiroidismo

-        Estados febriles, un 13% más por cada grado

-        Embarazo, unas 300 kcal/día

-        Lactancia, unas 500 kcal/día

Composición de los alimentos:

Los nutrientes que contienen las sustancias que ingerimos son hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua.

a) Hidratos de carbono (HC) o azúcares. Su función básica es proporcionar energía. En una dieta equilibrada, el 50-60% de la energía total debe ser aportada por los HC. Entre éstos se distinguen dos grupos en función de la velocidad de absorción: los simples, que son de absorción rápida (azúcar de mesa) y los compuestos, que son de absorción lenta (legumbres).

b) Lípidos o grasas. Tienen múltiples funciones, entre las que destacan la formación de membranas celulares, la síntesis de hormonas o la de reserva energética para utilizarla en momentos de escasez  de energía.

Existen dos tipos de grasas en función de su saturación:

Grasas saturadas: Se encuentran en la grasa de origen animal y en el aceite vegetal de palma y de coco. Es la grasa relacionada con el colesterol. Alimentos ricos en grasas saturadas son, principalmente, la mantequilla, la margarina, los productos de pastelería, las galletas, las vísceras, las carnes rojas, los huevos y el marisco.

Grasas insaturadas: Se encuentra en los alimentos de origen vegetal, a excepción del aceite de coco y palma mencionados anteriormente. En este grupo se incluyen los aceites de oliva, girasol, maíz, soja y pepita de uva. Estas grasas se caracterizan principalmente por no aumentar el colesterol e incluso algunos aceites, como el de oliva, mejoran el perfil lipídico.

Los lípidos también pueden clasificarse según su consistencia a temperatura ambiente:

Aceite: cuando la grasa es líquida (aceite de oliva).

Grasa: cuando la grasa es sólida (manteca de cerdo).

Dentro del grupo de las grasas, las margarinas merecen mención aparte. Este alimento se fabrica mediante la mezcla de un aceite (maíz, girasol, etc.) con agua. El producto final es una grasa de consistencia sólida que, a pesar de estar elaborada con aceite vegetal, actúa como una grasa animal, ya que la adición de agua cambia la estructura química del aceite y éste se comporta como una grasa animal pudiendo aumentar los valores de colesterol.

c) Proteínas. Son los constituyentes más importantes del ser vivo. Se distinguen dos tipos:

Proteínas estructurales: son las que forman, principalmente, el músculo, colágeno, piel, cabello y uñas.

Proteínas con función metabólica y reguladora: en este grupo se encuentran las hormonas (tiroxina); las enzimas, intermediarios necesarios para que las reacciones químicas se produzcan; las gammaglobulinas, implicadas en los mecanismos de defensa; la albúmina, que es la proteína sanguínea más importante, y la hemoglobina, que está relacionada con los glóbulos rojos o hematíes.

Las fuentes más importantes son la carne, el pescado, los huevos, los cereales, las leguminosas y los frutos secos. La proteína más completa es la que proviene de origen animal, por lo que se aconseja que por lo menos el 50% de las proteínas consumidas sean de origen animal. En la práctica diaria se aconseja un aporte de 50-55 g de proteína en la mujer y de 65-70 g en el varón.

Los minerales, las vitaminas y el agua no contienen calorías.